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Aprendemos juntos

Enhamed Enhamed, medallista palímpico

Desde que me retiré después de Londres 2012, he seguido haciendo deporte. Me he puesto a hacer cosas como un Ironman, subir el Kilimanjaro, hacer algunos maratones...

Hasta los ocho años veía perfectamente y los médicos les dijeron a mis padres que si hacía movimientos bruscos me podía quedar ciego, se me podía desprender la retina. Si tenéis hijos sabréis que un niño se quede quieto más de un minuto o dos sin que le estés mirando es poco probable. Un día corriendo por mi casa mi madre me echó la bronca y cuando me tumbé y cerré los ojos, a los cinco segundos cuando volví a abrirlos ya no veía nada. Cuando te encuentras en esa tesitura tienes dos opciones en la vida; aceptar lo que la sociedad te dice, que en mi caso era que por ser ciego no podía hacer lo mismo que los demás, o luchar. Porque básicamente, no hice caso, yo seguía corriendo, me caía por las escaleras, me comía las columnas…

Posteriormente, me llevó a mucha frustración. A los 13 ó 14 años empecé me empecé a dar cuenta de que yo era diferente a los demás. Hasta ese momento pensaba que era igual al resto del mundo y, de repente, te das cuenta de que tu principal característica es ser ciego. Por eso empecé a nadar en serio, porque era mi refugio. Empezamos entrenado dos horas todas las tardes cuando entré en el instituto porque no tenía otra cosa que hacer, mi entrenador me convenció para entrenar en cuatro horas y empezamos así. A los seis meses, después del primer campeonato internacional al que fui, empezamos a entrenar cerca de siete horas diarias. Esa fue mi adolescencia. También tenía que ir al instituto, dormir en el instituto, estudiar en el instituto, dormir en el instituto… Nunca fui un mal estudiante, pero por una sencilla razón, porque yo tenía muy clara una cosa: yo estoy obligado a aprender, estoy obligado a aprender a hacer las cosas de una manera distinta, no puedo hacer lo mismo que los demás.

Todos tenemos tres opciones. Una, si tienes una adversidad te quedas sentado y esperas a que alguien lo resuelva. Dos, empiezas a moverte pero esperando conseguir lo que la vida te dé según tus posibilidades. Y tres, es negociar con la vida y decirle: “Mira, yo quiero esto, no sé cuánto me va a costar, no sé cuánto voy a sufrir, pero voy a por esto”.

La pasión de mi vida es descubrir cómo unas personas consiguen unos resultados frente a otras. Descubrir cómo aprendemos, cómo podemos conseguir cambiar nuestro aprendizaje para convertirnos en la persona que queremos ser, pero sobre todo, cómo enseñamos a otras personas a desarrollar ese potencial y eso, todo, se basa, en realidad, en cómo aprendemos.

He tenido la grandísima fortuna de que mis padres de forma instintiva descubrieron que la sobreprotección mata a las personas. Entonces, la educación que he recibido siempre ha estado muy orientada a los valores, a trabajar, a esforzarte, a la constancia, pero, sobre todo, a creer firmemente que puedes alcanzar muchas de las cosas que te propongas. No todas, que eso también me lo recalcaban, sino muchas.

Si no me hubiera quedado ciego no me hubiera esforzado como me había esforzado para llegar donde estaba. Si no me hubiera quedado ciego no habría buscado la manera de seguir mejorando. Y fue cuando me di cuenta de que realmente yo era una persona muy afortunada por haber tenido la suerte de quedarme ciego, porque gracias a eso estaba donde estaba.

El dolor, el miedo, la tristeza, la frustración y todo ese tipo de cosas son parte de la vida. No sentiríamos alegría si no sintiéramos tristeza, no hay un contraste. Y el miedo, para mí, es una de las mejores emociones que tenemos. Te dice que tienes que prepararte ante lo que vas a afrontar, porque puede que sea una situación que te supere. Entonces, tengo que prepararme más. Ese es el mensaje del miedo.

La motivación está sobreestimada. Creo que nos han vendido la historia de que tú haces las cosas cuando estás motivado, haces las cosas cuando te sientes bien. Pero la clave del éxito es hacerlas cuando no te sientes bien. El levantarte cuando no tienes ganas, el ir a entrenar cuando no te apetece.

Estamos más estructurados para aprender a perder que para aprender a ganar. Para mí, fue bastante más complicado el aprender a ganar de cara a los Juegos de Pekín, el aprender a prepararme mentalmente y saber en qué persona me tenía que convertir. Y una vez que había ganado, el saber mantener la cabeza, fue más difícil que el perder, porque al perder siempre tienes a gente que te acompaña. Pero el ganar es bastante solitario. Bastante solitario porque toda la gente que te acompaña, muchas veces, es porque te estás colgando una medalla. De repente, toda esa gente que no estaba en tus días malos. Ganar sin perder la cabeza, sin perder tus valores, sin perder tus objetivos, sin perder tu compromiso… eso es mucho más difícil. Pero al final el ganar y el perder es transitorio.

Aprendemos juntos

Un proyecto de educación para una vida mejor.

Biografía

Considerado como el mejor nadador paralímpico de todos los tiempos, Enhamed Enhamed ha conseguido 37 medallas en doce años de carrera, entre las que destacan cuatro oros olímpicos. El deportista sigue buscando superar sus límites, afrontando retos como subir al Kilimanjaro, o llegar a ser la primera persona ciega en cruzar a nado el estrecho de Gibraltar. Su filosofía vital se puede aplicar al deporte, pero también a la vida.


Faqs

¿Qué te pasa por la cabeza cuando consigues una medalla de oro o un récord olímpico?

Lo primero es: “¡Lo he conseguido!”. Autocelebrarlo es parte de ello, reconocerte lo que has hecho bien. Eso es fundamental. En mi caso, luego piensas siempre en todas las personas que te han ayudado a llegar ahí: tu entrenador, tu biomecánico, tu fisioterapeuta, tu médico… Porque la natación es curiosa porque es individual, pero requiere de mucha gente alrededor, tu familia, tus amigos, aquella persona que te anima en el entrenamiento que es un compañero, que a lo mejor es tu rival el día de mañana, pero te está animando porque ve que no puedes más. Piensas en todo eso. Para mí fue muy especial el escuchar el himno, y saber que toda la piscina, 17.000 personas estaban ahí de pie por el himno. Lo más importante es satisfacción personal, agradecimiento y orgullo.


Puedes ver el vídeo completo aquí.