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Aprendemos juntos

Francisco Mora, doctor en Neurociencia y Medicina

La neuroeducación es un intento de aproximar una nueva luz a la instrucción y a la educación. Es decir, a cómo se puede aprender mejor. A aproximar valores y normas a la conducta del ser humano. Y en este sentido, la neuroeducación pertenece a lo que hoy en el mundo es una revolución. Una nueva cultura. La cultura en que vivimos y que hemos conocido y conocemos se está muriendo. Está naciendo una nueva cultura, la cultura neuro, que significa el darnos cuenta de lo que es el ser humano, lo que siente, lo que cree, lo que piensa, lo que hace, y aprender y memorizar, es producto del funcionamiento del cerebro. ¿Cómo lo hace el cerebro? Se viene a decir que en no mucho, intentar enseñar sin conocer cómo funciona el cerebro será algo así como intentar diseñar un guante sin nunca antes haber visto una mano.

La neuroeducación hay que aplicarla ya aunque solo sea o fuere para atajar, destruir, lo que son os neuromitos o falsas verdades. Hoy, todo el mundo habla del cerebro. Porque es la referencia importante más allá de la filosofía. Es lo que nos aporta datos constatados. Y cuando hablamos así, hablamos de que podemos hablar de la memoria. Del aprendizaje y de la memoriia, de valores y normas, de lo que significa la atención.

La inteligencia emocional es la capacidad empática. La capacidad de intuir en el otro lo que dice, cómo lo dice, y el otro ver en ti una cara de placidez, una cara de aproximación, una cara de esfuerzo en querer entender lo que dices, una cara en la que prácticamente en pocos minutos puede existir un algo misterioso que es lo que hace que haya una transferencia emocional. Aplicar una inteligencia que sirve para el éxito que tú puedas tener en la vida. Tú puedes ser muy listo en matemáticas o puedes ser muy listo en ingeniería… Pero como no tengas la inteligencia emocional básica, cualquier pequeña cosa te tira por la borda toda tu capacidad matemática.

La emoción es el sustrato que hace que el cerebro funcione. La gente todavía piensa, y lo piensa porque, que la emoción es aquella reacción que te hace, que cuando aparece alguien a atacarte tú puedes reaccionar de tres formas distintas. Que son lo que los ingleses llaman “fight, flight, fright”. Si te atacan, te defiendes con la lucha, o bien echas a correr, o bien te escondes. Eso es lo más básico. Por eso decimos que la emoción es un proceso siempre inconsciente. Cuando tú luchas o huyes, o te escondes, que no te pregunten por qué lo has hecho. Por qué has escogido A, B o C. No lo sabes. El cerebro ha trabajado por ti inconscientemente. Y lo hace por el camino que mejor sabe con seguridad que va a salvaguardar tu vida.

Las emociones nacieron hace aproximadamente unos 200 millones de años. En los mamíferos, a lo largo del proceso evolutivo. Y muy recientemente nos han dicho en prestigiosas investigaciones que posiblemente podemos trazar su nacimiento en los invertebrados, que no tenían ni cerebro todavía, solo ganglios, hace 450 millones de años. Fijaos bien, nuestra especie, el Homo sapiens sapiens, solo tiene 150.000 años de vida. Comparad eso con 450 millones. Quiere decir que las emociones las tenemos tan ancladas profundamente en nuestra naturaleza, que yo sostengo públicamente que somos seres emocionales. Y luego, un poquito racionales. Es la emoción lo que lo guía todo. Pensar y razonar ya viene con ideas que están embebidas de un significado emocional. Somos mamíferos. Y ningún mamífero puede ejecutar ninguna conducta que no tenga un significado. Y eso es lo que hace, además, el ser humano.

La información que entra por nuestros ojos, por nuestros oídos, por nuestro tacto, gusto, olfato, etcétera, después de un largo proceso de elaboración del mundo, canaliza a través del sistema o cerebro emocional. Y es después que va a la elaboración. En definitiva, la emoción lo embebe todo. Sin emoción, no hay pensamiento coherente y bien ensamblado. No puedes pensar. Sin emoción, no hay toma de decisiones acertadas. Sin emoción, no hay memorización sólida.

La atención es el proceso cerebral fundamental. Sin atención, no hay aprendizaje ni memoria. Lo principal es darnos cuenta que hay que prestar, ayudar o saber, aunque hablaremos, si quieres, de los procesos cerebrales de la atención, menos de la atención y más ver cómo podemos abrir esa atención. Y eso es la curiosidad. Si Pedrito es normal y no te presta atención, reflexiona y piensa que posiblemente es tremendamente soso lo que le estás enseñando. Así que tienes que hacer un esfuerzo en hacer despertar a Pedrito desde dentro. Y nunca más tendrás que coger la barrita de abedul y golpearle para que preste, a través del castigo, atención.

Los grandes profesores son aquellos capaces de convertir lo soso siempre en interesante. Porque lo interesante es lo que te abre las puertas de la atención. Y la atención es absolutamente lo necesario para poder aprender y memorizar de forma explícita. La curiosidad es algo tan absorbente cuando es auténtica que toda tu atención está dedicada a ello.

En este momento donde las tecnologías nos están invadiendo, con un valor extraordinario, pero nunca sustitutivo del maestro. El maestro debe ser la joya de la corona de un país. Es su humanidad lo que puede transmitir. Humanidad. No lo esperes nunca de una máquina, no lo esperes nunca de un tablet. Un tablet y un ordenador te sirve. Pero como solo y exclusivamente trabajemos con eso en cualquier institución, a no ser que sea un avanzado MIT, y con disciplinas a discutir, un niño lo que no puede hacer es no saber nada más allá de dónde tiene guardado lo que tiene que saber. Un niño tiene que saber poesía, un niño tiene que saber que algunas veces embellecer un discurso. Hay que memorizar selectivamente y conocer. Porque eso, en parte, también es aprovecharte para poder desarrollar las teorías. Los talentos ejecutivos, tan necesarios, como son la inhibición de funciones, como son la memoria de trabajo. Eso hay que aprenderlo y trabajarlo con el maestro. Porque el maestro transfiere emoción y humanidad. Que cuando lo leí en el discurso del Premio Nobel de Albert Camus en 1957, me clavó. La transferencia de conocimiento, la semántica, la sintaxis, la prosodia, el colorido emocional y lo que llega a los valores, no puede hacerse en un tablet.

Aprendemos juntos

Un proyecto de educación para una vida mejor.

Biografía

Doctor en Neurociencias por la Universidad de Oxford, doctor en Medicina por la Universidad de Granada y catedrático de Fisiología en la Universidad Complutense de Madrid. Francisco Mora es autor de libros como "Neuroeducación: solo se puede aprender aquello que se ama", además de uno de los grandes referentes a nivel mundial en lo referente a la mejora de la aprendizaje y la memoria.


Faqs

¿Qué mensajes querrías lanzar a los educadores y a los padres para mejorar la educación de los niños del futuro?

Tomar conciencia del valor de la educación, para empezar. El ser humano es lo que la educación hace de él. Tan es así, que si hoy cogiésemos en tu colegio o en tu familia un niño de la Antigua Roma, 2.500 años, o un niño del Paleolítico superior, 10.000 o 12.000 años, y nada más nacer lo trajésemos, posiblemente el maestro en el colegio no sabría distinguirlo de un hijo mío. ¿Por qué? Porque los genes de estos niños apenas han cambiado desde entonces. Lo que ha cambiado es la cultura que nos envuelve. Somos lo que somos por esa capacidad plástica que tiene el cerebro de transformarse con las palabras, con la emoción, con los sentimientos. Es lo que nos hace ser lo que ahora somos. Pero no diferimos, ni por piel, ni por genes. Somos lo que la educación hace de nosotros. Debiera tener un punto de inflexión en un país como este. Necesitamos principios sólidos, básicos, que sean hábitos. Eso es lo que yo requiero para un pueblo como el nuestro, un pueblo en el futuro, donde no tenga que pensarse cuándo ponemos al niño… sino instrumentarlo creando el hábito que nos haría mejores. Mejores ciudadanos. Mayor mejoría como valor. Mayor capacidad de seguir adelante en todo lo que signifique la ciencia, en todo lo que signifique el conocimiento, en todo lo que signifique el respeto.


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