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Aprendemos juntos

Jordi Nomen, profesor y autor de "El niño filósofo"

La filosofía es un saber que nos hace críticos, que nos hace creativos, que nos hace cuidadosos. Si yo tuviera que explicárselo a un niño, lo que no haría es explicárselo. Es decir, trabajaría con preguntas. Le diría, por ejemplo: “¿Cómo te llamas?”. Y, a partir de aquí, le preguntaría si su nombre es importante para él, si lo hace único. Y, a partir de aquí, le diría qué más es lo que le hace único. Si tuviéramos que retomar para todo el mundo qué es la filosofía, pues justamente, es ese saber que nos permite interrogarnos sobre las cosas, que nos permite darle sentido y actuar. Comprender para actuar. La filosofía no debería ser solo un pensamiento teórico que se queda ahí, en el éter flotando, sino que debería tener también ese factor de actuación. Para cambiar, especialmente, las injusticias que son muchas y muy importantes en nuestro mundo.

La filosofía sirve para ver cuáles son los prejuicios, los estereotipos que tenemos, cuáles son las ideas preconcebidas que llevamos con nosotros, en nuestra mochilita, detrás. Esto es muy importante porque permite ver cuáles son esos prejuicios. En segundo lugar, yo creo que la filosofía también da carácter. Porque la filosofía que yo propongo no es una filosofía de un niño solo que está pensando y reflexionando en el vacío, sino que es una filosofía que incluye el diálogo con los demás, con la familia, pero con otros niños, sobre todo, en clase. Por lo tanto, eso permite que este niño se dé cuenta de la diversidad que hay, de la pluralidad de ideas que hay y de que cualquier persona nos puede enseñar algo nuevo. Y que todas las personas tenemos opiniones diferentes. Y que unas opiniones son más fundamentadas y otras no. Y esto da carácter. En tercer lugar, yo creo que un niño y un joven que practica filosofía, se da cuenta de que hay que cambiar las cosas que son injustas, que no funcionan. Y, por lo tanto, esto nos hace mejores ciudadanos.

Hay muchos instrumentos en el pensamiento cuidadoso, ¿no? Algo de curiosidad, algo de empatía, algo de confianza, algo de sueño, también, algo de fortaleza contra las adversidades… Todo eso… curiosidad por los demás, intentar comprenderles, ponerse en su lugar, tratar de trabajar con la justicia… Todo eso nos da el pensamiento cuidadoso.

Las personas somos un puzle incompleto y desgraciadamente en nuestra sociedad nos dicen que las piezas que nos faltan en ese puzle las vamos a poder comprar. Creo que ahí está el error. Las piezas que faltan las tienen otras personas. Igual que, nos vamos a dar cuenta, sorprendidos, que nosotros tenemos piezas que les van a faltar a otras personas. Querer y amar a alguien es completarle, es poner esas piezas que le faltan y agradecer que el otro te ponga las piezas que te faltan a ti.

El arte puede servir para hacer filosofía y la filosofía, quizás, también para hacer arte. Cuando tú afrontas la obra artística como un elemento de comunicación, que es como yo creo que debería afrontarse el arte, ahí tenemos un emisor, un receptor, un código, un canal, un contexto… Todo lo que trabaja en la comunicación, el arte es comunicación. Entonces, hay un diálogo entre el autor y el espectador o el oyente de esa obra de arte y por lo tanto esa persona quiere impactar en tu sentimiento. Porque básicamente el arte se dirige al sentimiento. Pero, también, a tu pensamiento y ahí tenemos ya la relación con la filosofía. Ante una obra de arte nosotros podemos pensar.

A nivel tecnológico, cada vez las compañías y las empresas están más interesadas en que la gente tenga un perfil humanístico. Precisamente porque todos los productos del mundo están pensados para personas. Entonces, tiene que haber alguien que pueda decidir, o pueda hablar, o pueda dialogar sobre qué necesitan las personas, cuáles son sus necesidades. Y, ahí, eso es un pensamiento completamente filosófico. Por tanto, yo creo que se abre un campo, y soy de la opinión de que ese campo va a florecer y que cada vez vamos a tener más filosofía asociada a cuestiones que ahora son impensables

Aprendemos juntos

Un proyecto de educación para una vida mejor.

Biografía

Profesor de Filosofía y jefe del departamento de Humanidades de la ‘Escuela Sadako’ de Barcelona, además de Master en Filosofía y Licenciado en Historia contemporánea. Jordi Nomen es también autor de libro ‘El niño filósofo. Cómo enseñar a los niños a pensar por sí mismos’. Una de las obsesiones de este profesor es mantener la importancia de las humanidades a lo largo del proceso educativo, y de los valores que inculcan en la persona.


Faqs

¿Qué valores te parece imprescindible inculcara los niños hoy en día?

Los valores son como el sol. Calienta pero no es posible llegar a él. Son elementos ideales que tenemos ahí y que tratamos de alcanzar aun sabiendo que son inalcanzables. Está claro que ni el mal es tan malo ni el bien es tan bueno. Ahí está muy bien que aparezca la filosofía. Para decir que, quizá, el mal a veces actúa llevado por la necesidad y que el bien a veces disimula y no es tan bueno como parece. Los valores, yo creo que deben estar a la orden del día en ese “hacia dónde debemos ir”. Un docente debe tener claro hacia dónde debe ir aunque sepa que es tremendamente difícil llegar a ese ideal que se propone.


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