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Aprendemos juntos

Marina Subirats, socióloga

La primera cosa que necesitamos para cambiar las mentalidades, que es hoy el problema principal que tenemos, es que las personas, mujeres y hombres, se den cuenta de que no es normal el androcentrismo. Que no es normal que en una sociedad en la cual existen dos sexos distintos, todo está pensado en función de los hombres y que lo que encontramos normal es que los hombres sean los que mandan, los hombres sean los que disponen, los que escriben, los que, en fin, ocupan el mundo público, y que las mujeres están en su casa. Esto pertenece al pasado. En el futuro y en el presente, tenemos ya que cambiarlo totalmente y ver que no es normal.

Una asignatura que sea Educación por la Igualdad es absolutamente necesaria. Pero no basta. El problema no es todo lo que adquirimos como conocimientos. A partir de que ha existido la escuela mixta en España, que se ha generalizado a partir de los años 80, las mujeres en España hemos dado un salto extraordinario en términos de niveles educativos. Y hoy estamos por encima de los hombres en número de licenciaturas universitarias, por ejemplo. Por lo tanto, en términos de lo que hay que aprender en los libros y en las materias, en las asignaturas, en esto las mujeres están bien. Pero hay toda otra serie de mensajes de los que no somos tan conscientes. Estos mensajes empiezan en el momento del nacimiento. Cuando se dice: “Es un niño” o “Es una niña”, se está proyectando sobre esta criatura que acaba de aparecer en el mundo toda una serie de expectativas, de modelos de comportamiento, de órdenes que se le van a dar, que van a ser diferentes según se trate de un niño o una niña. Por lo tanto, lo que tenemos que modificar es esto, estos mensajes. Frente a los cuales la criatura no puede defenderse en absoluto, porque acaba de llegar, no sabe cómo es el mundo.

La desigualdad está en el nivel educativo. Ahora tendríamos que tener más mujeres en las cúpulas de las empresas, porque esto correspondería a los niveles educativos reales de la sociedad. Esta etapa se ha superado. Ahora estamos en una etapa un poco diferente. La de la desaparición de los géneros y la construcción de una cultura andrógina. No androcéntrica, andrógina. Es decir, que una todo lo que se atribuía a los hombres y todo lo que se atribuía a las mujeres. Y que lo ponga al alcance de todo el mundo. Esto es una operación complicada. Porque durante milenios se ha creído que todo lo de los hombres era más importante. Las mujeres, cuando queremos progresar, ser más libres, tendemos a imitar los comportamientos masculinos. Lo malo es que esto no estuvo acompañado de que los hombres hicieran el esfuerzo por aprender todo lo que nosotras hacíamos.

En el mundo tradicional, los cuentos, en épocas en las que la gente no sabía leer ni escribir, la cultura se transmitía, y las normas de vida, se transmitían a través de los cuentos, en gran parte. Y en el mundo tradicional tenían muy claro que mujeres y hombres eran totalmente distintos, tenían papeles distintos y esto tenía que seguir así. Por lo tanto, los cuentos servían para poner a las mujeres en su lugar. O sea, tú no vas a vivir hasta que un príncipe no te bese.

Hay que abrir a los hombres el mundo femenino. Pero para que esto sea posible, primero hay que hacer otra cosa, que es, nosotras mismas, darle valor. Si nosotras somos las primeras que no le damos valor, entonces ya, ¿cómo ellos van a dárselo? Pero este mundo hay que mostrarlo no como algo que es la esencia de las mujeres, que las mujeres somos así… Es algo propio de la naturaleza humana, una riqueza extraordinaria. Que es lo que nos permite vivir, gozar, disfrutar, dar un sentido a nuestra vida, y que queremos que los hombres también puedan acceder a ello, que ahora lo tienen, en gran parte, prohibido.

Aprendemos juntos

Un proyecto de educación para una vida mejor.

Biografía

Catedrática emérita de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, Marina Subirats es una de las referentes del feminismo y la coeducación. Autoras de los libros, 'Forjar un hombre, moldear una mujer' y 'Coeducación, apuesta por la libertad', esta socióloga apuesta decididamente por reformar por completo el modelo educativo.


Faqs

¿Qué ejemplos prácticos de coeducación existen en las aulas?

Muchísimos. Primera cosa: el lenguaje. Hay que revisar todos los carteles que están en la escuela o si se mandan cartas a las familias. “Despacho del director”, “Sala de profesores”. La niña va absorbiendo este lenguaje en el que ella no está. Las imágenes que se cuelgan en el aula, cuántos niños, cuántas niñas, cuántos hombres, cuántas mujeres, en qué actitudes, qué hacen… Luego está el de los patios, que han ido cambiando. Cada vez más, son patios transformados en pistas de deporte. Si había jardines, se han cortado los árboles. Entonces, es cemento, es toda una valla que casi parece una cárcel, y pistas de deportes. Porterías y ya está. Entonces, sale el balón: juegan los niños. Los niños se instalan en el centro, juegan, y las niñas no tienen donde jugar. Están alrededor mirando. Esto tiene consecuencias. Al niño le estás estimulando el movimiento. A la niña, el mensaje es el contrario. Tenemos que recopilar de nuevo los juegos de niñas, reinventar los juegos de niñas, y universalizarlos. Es decir, una vez que tenemos espacios para que las niñas puedan desarrollar su juego, entonces resulta que a los niños les vamos a invitar a compartirlo. Y por lo tanto, habrá un día de fútbol y habrá un día del juego que sea.


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