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Aprendemos juntos

Patricia Ramírez, psicóloga del deporte y de la salud

Creo que no existen alumnos que estén desmotivados, sino que hace falta buscar la manera de sacar esa motivación, y para mí es importante que la gente joven se divierta con el deporte. En el momento en el que la gente lo pasa bien y convierte el deporte en una pasión, seguramente se implique y se comprometa más. Todo pasa también por darle a la Educación Física la importancia que debe tener. Para mí es una asignatura tan importante como las Matemáticas o como la Lengua. Los datos científicos demuestran sus beneficios, no solamente en la educación en valores variables, como la cooperación, la comunicación, la disciplina… Además, sabemos que fomenta la concentración, la atención, que ayuda a estudiar, a adquirir disciplina y el ser voluntarioso. Sólo son ventajas, así que tenemos que promover que sea motivante, con pequeñas competiciones en las que no surja esa insana competitividad, y fomentar espacios donde la gente pueda hacer deporte, sobre todo las niñas. Las niñas adolescentes, a partir de los catorce o quince años, suelen abandonar más que los chicos. Hay que fomentar que los chavales vayan a ver los partidos de las niñas y que la gente participe.

Creo que es importante trasladar a los padres la idea de que con el deporte no se castiga. Es muy típico que un niño saque una mala nota y que el padre o la madre le digan: “Ya no puedes ir al fútbol”. Cuando realmente le quitamos el deporte a un chaval, le estamos quitando algo tan importante como el sueño. Al dejar de ir al fútbol deja de relacionarse con sus iguales, deja de practicar valores y, sobre todo, deja de practicar una actividad que está potenciando sus funciones cognitivas. Se puede castigar, a ser posible buscar otros métodos de aprendizaje, con otras cosas, pero nunca con el deporte.

Es importantísimo educar en el esfuerzo. Hay muchos padres hoy en día que con la sobreprotección dejan de pedir cosas para que el niño no se frustre, y con ello estamos transmitiendo a la gente joven: “No te preocupes, puedes ser un irresponsable, ya hay alguien que va a ocuparse de las consecuencias”. Para tener éxito, una persona va a tener que esforzarse en el trabajo, en su relación de pareja, en su convivencia, en todo. El esfuerzo es fundamental. Por eso, también hay que inculcar que el placer tiene que venir después del deber. Es importantísimo educar en el respeto. El centro educativo y la casa tienen que ser un lugar en el que se aprenda a respetar. El respeto es un valor indispensable para la sana convivencia. Y la disciplina. El tener unos horarios, un orden, unas rutinas. Sin disciplina la gente no consigue los objetivos, porque una persona disciplinada se entrena en autocontrol y fuerza de voluntad, que son importantísimos para el éxito profesional.

El castigo es efectivo, no nos vamos a engañar. Pero, los daños colaterales del castigo son tremendos. Porque cuando tú castigas a un chaval, coge miedo, deja de tener confianza contigo porque tiene miedo a que vuelva a haber un segundo castigo. Yo no lo recomiendo. Existen otras técnicas de aprendizaje que son mucho más efectivas. El primero, el refuerzo. Significa estar pendiente de todo lo que el chaval hace bien para reforzarlo y para decírselo. El refuerzo tiene que estar basado en valores: “Espero que estés orgulloso del tiempo que has dedicado a estudiar, fíjate el resultado, y, sobre todo, que te sientas orgulloso tú, no me siento yo orgullosa como madre, por tu trabajo”. El refuerzo es un buen sistema para cambiar, pero hay otros. Hay uno que se llama la sobrecorrección, que consiste, simplemente, en pedir al niño que repita lo mismo que ha hecho mal pero de una forma adecuada. Si tienes a un hijo que, en un enfado, ha pegado un portazo tremendo, en lugar de ir detrás y decir: “Aquí no se dan portazos”, vas a la habitación y le dices: “Por favor, ¿podrías salir y cerrar la puerta correctamente?”. Pero se lo pedimos con un tono conversacional, y cuando lo haga, le damos las gracias. Por eso es tan importante el modelo de conducta que tenemos los padres. Los niños aprenden cuando ven, tenemos que darles material visual en televisión, series, en Internet, nosotros mismos ser un modelo de conducta y dar información que ellos puedan copiar. El aprendizaje por observación lo trae un niño desde pequeño, y, si no queda otra alguna vez, en lugar de usar la palabra “castigo”, a mí me gusta más “consecuencia”. Hay una consecuencia, y es que, si tú no estudias por las tardes, no puedes utilizar el teléfono móvil, porque el tiempo que no has utilizado para estudiar no se puede usar con la tecnología.

Aprendemos juntos

Un proyecto de educación para una vida mejor.

Biografía

Psicóloga del deporte y de la salud y máster en Psicología clínica y de la salud. Autora de libros como "Cuenta contigo", "Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas princesas" o "Si salieras a vivir…", ha trabajado con equipos de fútbol como Betis, Mallorca o Granada, además de con otros deportistas de elite. También es una de las psicólogas más influyentes en Redes Sociales en España.

Faqs

¿A qué edad se puede trabajar la autonomía de los niños?

Hay niños que con un año y medio ya pueden recoger juguetes, y otros a los que les hace falta dos años y medio, pero a esa edad siempre se pueden hacer pequeñas cosas, aunque tú les ayudes. Con dos años se le puede decir: “Vamos a recoger juguetes”, y le cogemos la manita para meter los cubos dentro de una caja. Es enseñarle a tener obligaciones, según la edad y según lo que el niño te va pidiendo, porque hay niños que con cinco años se atan solos los cordones y otros que con doce todavía no saben. Hay muchos padres que por hacerlo bien y hacerlo rápido dicen: “Déjame que lo haga yo”, y en lugar de fomentar la autonomía, estamos fomentando una falsa sobreprotección, impidiendo que tu hijo aprenda a hacer las cosas solo. Así que hay que fomentarles ese espíritu aventurero. ¿Cuántas veces dice un niño “yo solo”?, y los padres no lo dejan porque no lo ven preparado. Entonces, no solamente es “yo solo” lo que a ellos les apetece, sino que hay que ir dando pequeñas obligaciones para que todos colaboren en casa y cada uno se responsabilice de lo suyo.

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