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Aprendemos juntos

Silvia Álava, Psicóloga Educativa

La psicología puede ayudar en muchas cosas a los padres con adolescentes. Lo primero, a entender muy bien qué es lo que está ocurriendo en la adolescencia porque nos han explicado muy bien los cambios fisiológicos hormonales que se producen, pero no los cambios psicológicos que ocurren en la adolescencia. Y en la adolescencia, en cuanto se empieza a liberar la quispeptina, toda la hormona que empieza a disparar todos los caracteres sexuales secundarios también conlleva una serie de cambios mentales y de cambios psicológicos. Se potencia mucho el sentido crítico. Antes, todo lo que tú decías no se cuestionaba, y empiezan a hacerlo.

Siempre decimos que los niños aprenden por modelado y que su principal fuente de aprendizaje son los padres. Cuando llega la adolescencia el modelo fundamental son los amigos, son los iguales, son cantantes a veces, YouTubers, otras cosas ahí que van encontrando por ahí, pero siguen necesitando a los padres y siguen necesitando que los padres estén ahí.

Cuando los niños son muy pequeños, juegan junto a otros niños, ni tan siquiera juegan con ellos. Luego los amigos son circunstanciales, son el niño que te han puesto al lado con el que compartes el pupitre, con el que está en tu clase. A partir de los ocho años ya hay una selección más en función de las características y, luego, es a los doce cuando realmente van a afianzar el grupo de amigos.

No podemos pretender empezar a tener una comunicación buena y favorecer un buen clima de confianza cuando llega la adolescencia. Si no lo hemos hecho de pequeños nos va a costar mucho más. Lo primero que tenemos que establecer es un clima de confianza donde vean que se puede hablar de todas las cosas. Y, además hay que reservar un tiempo y un espacio. Y una cosa fundamental: escuchar. Y escuchar es más difícil de lo que parece porque cuando decimos que estamos haciendo una escucha activa significa que yo me olvido de mí y que solamente me centro en ti.

El concepto de castigar implica que tú tienes una cosa, entonces, en un determinado momento haces algo mal, yo te lo estoy quitando. Luego, es verdad que puede que aprendas, que rectifiques. Entonces, es mejor si trabajamos reforzando la conducta positiva, es decir, lo que el niño tiene que hacer. Si tus deberes están hechos, entonces podrás ir y podrás coger la tablet y jugar un ratito. O, en el caso de que ya está toda la habitación recogida, que ya has colaborado en casa, pues a lo mejor puedes hacer esta otra pequeña cosa.

Es verdad que a los niños hay que dejarles mucha autonomía, hay que dejarles que cada vez sean más autónomos, que sean ellos capaces de resolver solos los conflictos del día a día, que sean capaces de gestionar las cosas. Pero la clave fundamental va a estar en acompañar. Es decir, durante las primeras etapas no es que yo te esté controlando, ya que sabemos que la sobreprotección es uno de los mayores errores que se cometen hoy en día en educación, sino que yo estoy a tu lado acompañándote, y viendo que está saliendo todo bien.

Aprendemos juntos

Un proyecto de educación para una vida mejor.

Biografía

Psicóloga Educativa y Psicología Clínica y de la Salud. Autora de libros como "Queremos que crezcan felices", "Cuentos para comer sin cuentos" y "La psicología que nos ayuda a vivir”. Entre sus principios básicos a nivel educativo destaca la importancia de la autonomía de los niños, además de su apuesta decidida de permitirles equivocarse para que aprendan.

Faqs

¿Cuál es la mejor manera de solucionar conflictos infantiles?

Es importante darle al niño las herramientas para que él lo solucione. Hay que hablar con él. Lo primero que tengo que hacer es que te sientas que para mí es importante y que te voy a escuchar. En estos momentos solamente me importa tu problema y voy a estar al cien por cien en ayudarte, a ver cómo, lo resolvemos. Entre los dos, no te lo voy a arreglar yo. Si vemos que no se le ocurre, la forma de ayudarle sería decir: “¿Y tú qué crees? ¿Y cómo lo harías?”. Le puedes, incluso, ir dando pistas. Le entrenas a él para que él sea capaz de resolverlo.Si llamamos al padre o a la madre, estamos pasando un problema de la esfera infantil a la esfera de adultos. Y cuando pasa a la esfera de adultos ya es distinto, porque mañana los niños vuelven a ser amigos y ya no hay ningún problema, pero los adultos, a lo mejor, luego tardamos un poquito más. En las cuestiones del día a día tenemos que poner el foco en enseñar al niño a que se las resuelva, no resolvérselas nosotros.


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