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Aprendemos juntos

Tal Ben-Shahar. Profesor de psicología en Harvard

Casi nadie entiende cómo alcanzar la felicidad. La mayoría dice: “Si tengo éxito seré feliz”. Ya sea al alcanzar riquezas o fama, o alcanzar un determinado objetivo profesional o personal, si una mujer o un hombre acepta salir conmigo, si mis objetivos se cumplen. Por desgracia, no funciona así. Por eso a menudo vemos personas con mucho éxito, con mucho dinero y muy realizadas que son muy infelices. Porque creen que si consigues un objetivo determinado, si consigues este hito, entonces serás feliz. Pero lo consiguen, cumplen su objetivo, ganan un montón de dinero, y siguen sin ser felices. Y no solo no son felices, también se sienten perdidos porque están desilusionados. Hasta ese momento tenían la ilusión de que cuando lleguen ahí serán felices, pero llegan y no son felices, no pueden ni sustentarse en la ilusión. Alcanzar un objetivo no nos hace felices a largo plazo. Sí que sentimos una subida en nuestros niveles de bienestar, pero dura poco. Se ha investigado a quienes ganan la lotería. Gente que gana millones de dólares, es su sueño hecho realidad. Creen que serán felices para el resto de su vida. En tres meses han vuelto al punto de partida, pero más desilusionados. Se ve en profesores de universidad, que se han pasado la vida luchando para ser titulares. Cuando llegan a titulares creen que serán felices para siempre, pero les dura un mes, seis meses como mucho. Llegar a un punto determinado conlleva un bienestar temporal, no a una subida permanente en el nivel de felicidad.

La ciencia de la felicidad nos dice cosas de sentido común. Muchas de esas cosas ya me las decía mi abuela. Ahora la ciencia le da la razón. Por ejemplo, las relaciones son lo más importante para una vida feliz. A nivel individual, se realizaron investigaciones por parte Martin Seligman, padre de la psicología positiva y sus colegas sobre la gente más feliz del mundo. ¿Qué les diferencia? Y descubrieron que una de las dos cosas que les diferencian es que tienen unas relaciones íntimas sólidas. Eso puede referirse a las relaciones románticas pero también amistades, familia… No son relaciones perfectas, porque en las relaciones más íntimas hay desacuerdos y conflictos. Pero tienen esas relaciones y son una prioridad en su vida. En el mundo de hoy en día, con la tecnología que nos rodea, y que pronto estará dentro de nosotros, las relaciones reales, no las virtuales, han pasado a un segundo plano. Y eso, por desgracia, resta felicidad a la gente. Las relaciones son muy importantes para la felicidad.

Otra cosa clave para la felicidad es la gratitud, el reconocimiento. Oprah hablaba de ello en mil novecientos noventa y nueve, cuando no había ciencia al respecto. Hoy sí que la hay. Y ha demostrado que quienes expresan gratitud con regularidad y no dan por hecho lo que tienen, no ignoran los problemas, pero tampoco ignoran lo que tienen, estas personas no solo son más felices y más optimistas, también tienen más éxito y consiguen sus objetivos, físicamente están más sanos. Así que realmente fortalecemos nuestro sistema inmunológico cuando nos concentramos en ser agradecidos. Mi palabra favorita es “apreciar”. “Apreciar” significa dar las gracias por algo. Pero la palabra “apreciar” tiene otro significado: Aumentar el valor. Si metes dinero en el banco, con suerte aumenta de valor y tienes más. Los dos significados de “apreciar” están conectados. Porque cuando aprecias las cosas buenas de tu vida, las cosas buenas se aprecian y tienes más. Y la conexión no es meramente etimológica, hay pruebas científicas que demuestran que cuando aprecio a mi pareja, cuando aprecio mi trabajo, cuando aprecio mi vida, las cosas buenas en mi vida aumentan de valor y tengo más.

Solo hay dos tipos de personas que no experimentan dolor, como enfado, tristeza, ansiedad, decepción, envidia, miedo… El primero son los psicópatas, no pueden sentir emociones dolorosas. El segundo tipo de persona que no las siente son los muertos. Sentir emociones dolorosas es una buena señal: no eres un psicópata y estás vivo. Podemos trabajar con eso.

La analogía que yo utilizaría para comprender el papel que juega la tecnología o el valor que asignamos a la tecnología es la de la electricidad. ¿La electricidad es buena o mala? Pues depende. Si uso la electricidad para alumbrar y para hacer funcionar una máquina de soporte vital, entonces la electricidad es buena. Pero si uso la electricidad para electrocutar a un inocente, entonces no es buena. Con la tecnología pasa igual. La tecnología en sí misma es un poder, es una fuerza. Se puede usar para el bien o para el mal. Hace poco se puso en contacto conmigo Shaun, que era mi mejor amigo a los diez o doce años. No habíamos vuelto a hablar, vivimos en países distintos, pero gracias a la tecnología ahora estamos en contacto. Es maravilloso. Mi hermana se casó con un hombre maravilloso. Se conocieron a través de la tecnología. Al mismo tiempo, la tecnología también nos trae mucha infelicidad. Por ejemplo, se ha estudiado que cuantas más horas pase alguien, de cualquier edad, en las redes sociales, más solos se sienten. La soledad es el indicador número uno de depresión. Cuando abusas de la tecnología y dejas de lado otras cosas importantes, como las relaciones reales, como el movimiento, el ejercicio físico, lo pagas muy caro con la infelicidad. Como en muchas cosas en la vida, todo es cuestión de moderación.

Sabemos que el ejercicio físico regular, con tan solo treinta minutos tres veces a la semana, no solo nos hace más sanos, nos hace más felices. Equivale a la medicación psiquiátrica más potente.Libera norepinefrina, serotonina y dopamina en el cerebro. Mi ritual es ir tres veces a la semana a hacer ejercicio, a toda costa. Aunque esté de viaje, hago ejercicio. Aunque esté cansado, hago ejercicio. Otro ritual es que cada noche antes de acostarme expreso mi gratitud. Escribo las cosas por las que estoy agradecido. Y otro ritual es mi cita semanal con mi mujer. Muchos amigos nos dicen: “Venga ya, ¿una cita semanal un ritual? Qué poco romántico. ¿Dónde queda la espontaneidad?”. Y yo les digo: “¿Espontaneidad? Tenemos tres hijos pequeños y trabajamos los dos. ¿Espontaneidad? Tendríamos una cita una vez al año, con suerte”. Así que tenemos un ritual en nuestra relación. Tenemos rituales familiares. Siempre nos reunimos para la cena. Son muy importantes. También tengo un ritual negativo. Antes, cada mañana al levantarme miraba las noticias. Soy adicto a las noticias. El problema es que antes de darme cuenta había pasado hora y media y aún seguía leyendo las noticias. Pero el mejor momento para escribir es por la mañana. Así que creé un ritual negativo: no leer las noticias por la mañana. Y me puse un ritual positivo: escribir por la mañana. Ya me enteraré de las noticias por la tarde. Y si mientras duermo el mundo se acaba, alguien me avisará. Así que no pasa nada si no leo las noticias en ese preciso momento.

Aprendemos juntos

Un proyecto de educación para una vida mejor.

Biografía

Doctor en psicología y filosofía y profesor en la Universidad de Harvard. Autor de libros como "Elige la vida que quieres" o "Practicar la felicidad", es una referencia mundial en lo que concierne a Las relaciones sociales, la amistad, el manejo de las emociones negativas o las rutinas cotidianas para aumentar la felicidad.

Faqs

¿Qué papel juega el fracaso para incrementar autoestima y felicidad.?

Hay muchas investigaciones sobre el fracaso. Y muestran que las personas con más éxito son también las personas que han fracasado más veces. Por ejemplo, se ve con los grandes artistas, los Miguel Ángel, los Da Vinci del mundo. También con los grandes científicos, las Marie Curie o los Thomas Edison. Son también los científicos y artistas que han fracasado más veces. Thomas Edison dijo una vez: “He fracasado para alcanzar el éxito”. También se ve con los líderes. Cuando estudias las biografías de líderes, los líderes de más éxito de hoy son los que más fracasaron ayer. Ya sea de niños o en el trabajo. Uno de los mantras que repito siempre a mí mismo y a mis alumnos es: Aprende a fracasar, o fracasa en tu aprendizaje. No hay otra forma de aprender. Así aprendemos a andar, cayéndonos. Así aprendemos a escribir, haciendo garabatos. Así aprendemos a ser mejores líderes, mejores parejas o mejores padres.


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