Cómo elaborar una buena cartera de inversión

Cada inversor deberá analizar sus circunstancias personales y sus objetivos antes de confeccionar su propia cartera

Por una cartera de inversión entendemos un conjunto de activos financieros de diversa naturaleza en los que invierte una persona física o jurídica. La enorme diversidad de activos financieros hace que existan casi infinitas carteras de inversión, ponderadas de manera distinta en cuanto a tipo de activo, divisa, área geográfica, etc. En una cartera de inversión en el amplio sentido de la palabra se pueden incluir activos no financieros, como propiedades inmobiliarias u obras de arte.

Es esencial que cada inversor, idóneamente de la mano de un profesional de la planificación financiera, construya su propia cartera de inversión, adecuada a sus necesidades, plazos y perfil de riesgo. No hay una misma cartera de inversión adecuada para dos inversores diferentes.

Para confeccionar una cartera de inversiones es conveniente dar respuesta a una serie de cuestiones y tener ciertos puntos en cuenta que vamos a analizar.

¿Para qué voy a invertir?

Es imprescindible establecer un objetivo. De otro modo se puede incurrir en el riesgo de invertir en activos que por liquidez o perfil de riesgo no sean aptos para nuestras verdaderas necesidades. No es lo mismo invertir en el marco de la planificación de la jubilación, un objetivo que puede extenderse durante más de tres décadas, que ahorrar para cambiar de vehículo, algo en lo que podrían emplearse aproximadamente cinco años. El horizonte temporal es una variable crítica.

El perfil de riesgo de un inversor está estrechamente ligado al horizonte temporal de la inversión. Quienes se encuentran invirtiendo a veinte años vista pueden incurrir en más riesgos que los que lo hacen a dos años, por la sencilla razón de que disponen de un mayor margen de maniobra y porque la volatilidad de los activos de riesgo tiende a diluirse en largos plazos. No obstante, la percepción del riesgo es subjetiva y hay individuos más adversos al mismo que otros. Por tanto, es necesario responder a preguntas como “cuál es mi expectativa de rentabilidad” o “qué nivel de pérdida máxima estoy dispuesto a soportar”. Esto determinará si somos inversores de perfil conservador, moderado o decidido.

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Diversificación

Esta es una de las máximas de la inversión si lo que queremos es minimizar riesgos. Si concentramos toda la inversión en un solo activo estaremos sujetos a una sola fuente de rentabilidad. Si este activo tiene un comportamiento negativo, habremos comprometido todo nuestro capital. Diversificando entre distintos activos reducimos el riesgo, pues un hipotético mal comportamiento de uno de ellos quedaría amortiguado por la evolución de los otros.

Es conveniente diversificar en tipo de activo y, dentro de cada tipo, en diferentes opciones. Por ejemplo:

  • Podemos canalizar el ahorro para la jubilación a través de planes de pensiones o planes de previsión asegurados, que además dan acceso a interesantes ventajas fiscales.
  • Vía fondos de inversión, podemos canalizar el ahorro a más corto plazo a través de fondos de inversión de renta fija de baja volatilidad y canalizar el ahorro a más largo plazo en fondos de inversión mixtos o de renta variable, más volátiles en cortos plazos, pero generalmente mucho más rentables en el medio y largo plazo.
  • Por medio de seguros podemos, además de canalizar el ahorro, cubrir la contingencia de fallecimiento para tranquilidad del futuro de nuestra familia.

Atención a la fiscalidad

En ocasiones, al analizar el comportamiento de una cartera de inversión se acude directamente a la rentabilidad de cada uno de los activos y a la rentabilidad ponderada de la cartera. No es incorrecto, pero no es realmente la etapa final. Los productos de inversión están sujetos a tributación, por lo que la rentabilidad final será lo que se conoce como rentabilidad financiero-fiscal, es decir, la rentabilidad neta de toda obligación tributaria. Veamos algunos casos:

  • Los planes de pensiones permiten desgravarse anualmente (hasta un máximo de 8.000 €) las aportaciones realizadas. Sin embargo, es muy importante planificar bien su rescate para minimizar la factura fiscal, dado que las prestaciones tienen la consideración de rendimientos del trabajo.
  • Los fondos de inversión son generalmente uno de los protagonistas en las carteras de inversión, ya que el traspaso entre ellos no tienen ningún tipo de impacto fiscal, lo que queda diferido al momento del rescate. De esta forma es posible ir realizando una gestión activa durante años sin tener que rendir cuentas a Hacienda.
  • Las rentas vitalicias tienen interesantes coeficientes reductores, mayores cuanto mayor es la edad del asegurado. Por ejemplo, los mayores de 70 años solo tributarán por el 8 % de la renta obtenida.
  • La inversión directa en acciones tiene la misma consideración fiscal que los fondos de inversión, con la diferencia que no existe exención fiscal en su gestión dado que no es posible el traspaso entre acciones.

Con la colaboración de BBVA Asset Management.