Dónde invertir dinero sin riesgos

En un entorno de tipos de interés en mínimos, obtener atractivas rentabilidades sin asumir riesgo es una tarea difícil

Esta cuestión no es baladí. En los últimos años no era complicado obtener rentabilidad a través de activos financieros sin riesgo, como depósitos o cuentas remuneradas, gracias a una situación en los tipos de interés que hacía soplar el viento en favor de los ahorradores. Actualmente, y a raíz de la política monetaria expansiva que promueve el Banco Central Europeo, el escenario es el de unos tipos de interés reales negativos. ¿Qué significa esto? Básicamente que no es posible obtener rentabilidad sin incurrir en un cierto nivel de riesgo, aunque sea mínimo.

La opción de renunciar a rentabilizar el ahorro es perniciosa, puesto que siempre entra en escena lo que podríamos denominar como el “enemigo silencioso”: la inflación. La inflación va mermando el poder de compra de nuestro ahorro, de forma que un año en el que no hayamos obtenido retorno del ahorro nos habremos empobrecido a un nivel equivalente a la tasa de inflación. Los últimos años hemos disfrutado de tasas de inflación muy reducidas, lo que ha supuesto un cierto alivio en las inversiones, especialmente las de perfil conservador. Sin embargo, la inflación comienza a repuntar posiblemente para retornar a lo que serían niveles normalizados del 2 %. ¿Qué alternativa queda entonces para aquellos que no se quieran resignar a que su ahorro se quede parado? Sencillamente, no queda más remedio que asumir algo de riesgo, si bien existen prácticas que ayudarán a minimizarlo. Entre ellas:

Diversificar

Una forma de disminuir el riesgo consiste en diversificar, es decir, distribuir nuestro dinero en diferentes inversiones, en vez de invertirlo todo en una sola.

Si decidimos apostar por una única opción de inversión, corremos el riesgo de que ésta obtenga un mal resultado, lo que nos podría llevar a perder parte o el total de nuestro capital.

Por el contrario, al diversificar y crear una cartera de inversión con varios activos, reducimos el riesgo de perder todo nuestro dinero, ya que para que ello suceda varias de nuestras inversiones tendrían que obtener malos resultados al mismo tiempo.

La diversificación no solo se refiere al tipo de activo en el que invertimos. Es conveniente diversificar también en ámbitos como el geográfico o el de la divisa.

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Invertir de forma periódica

Siempre es mucho más adecuado, como mecanismo adicional de diversificar riesgos, no realizar la inversión en un solo momento y hacerlo de manera escalonada en el tiempo dado que, en lugar de adquirir títulos, participaciones o acciones a un solo precio, que puede ser favorable pero también desfavorable, lo hacemos al precio medio de las distintas aportaciones que hemos realizado en diferentes fechas.

Cómo buscar rentabilidad con el mínimo riesgo

En el entorno descrito, la consecución de rentabilidad pasa por incorporar de forma moderada activos que sí están ofreciendo retorno en un escenario de tipos de interés muy bajo, como son los activos de renta variable. Éstos deben suponer un pequeño porcentaje de la cartera global de activos en el caso de inversores conservadores y se deben incorporar de la forma descrita con anterioridad: con generosa diversificación y paulatinamente.

Pensemos en el ejemplo de una cartera bien diversificada y compuesta en un 85 % por activos de bajo o muy bajo riesgo y en un 15 % por activos de renta variable. Los primeros ofrecerán un retorno modesto, pero con un bajo nivel de riesgo. Será la parte de nuestra inversión que aporte seguridad y estabilidad. Los segundos, más volátiles pero en porcentaje reducido y diversificado, son los que tratarán de elevar la rentabilidad media de la cartera y obtener de este modo un rendimiento global positivo de nuestra inversión con un nivel controlado de riesgo.


Con la colaboración de BBVA Asset Management.